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Cuando la batalla termina

  Voy a contarte algunas historias para ver si te identificas con ellas. Jamás me olvidaré de una paciente que un día me dijo: “Creo que pasé años corriendo de mi pasado.” Corría varios kilómetros y durante mucho tiempo aquello había formado parte importante de su vida. No era que correr estuviera mal. Lo que empezó a comprender fue la función emocional que también había tenido para ella: mantenerse en movimiento, descargar, no detenerse demasiado frente a aquello que dolía. Hoy otra paciente me la recordó. Me decía que últimamente ya no sentía las mismas ganas de pasar dos horas en el gimnasio. Y eso empezaba a preocuparle, “¿Será que me estoy desmotivando?” Al explorar un poco más, descubrimos que el gimnasio seguía siendo algo saludable para ella, pero durante mucho tiempo también había funcionado como un espacio de escape, no tenía que dejarlo, la diferencia era que ahora podía elegir. Ir si quería. Y si un día prefería descansar, caminar, leer, compartir con alguien o simpl...

El duelo es un camino personal: no hay reglas, solo tu propio ritmo

 



El duelo es un camino personal: no hay reglas, solo tu propio ritmo

El duelo no sigue una ruta fija, no tiene una fecha de caducidad ni un manual de instrucciones. No se trata de “superarlo” como si fuera una meta a alcanzar, sino de transformarlo. La ausencia no desaparece, pero con el tiempo deja de doler de la misma manera.

Hay días en los que sentimos que avanzamos, que respiramos con más ligereza y que la vida, de alguna forma, sigue su curso. Y luego, sin previo aviso, una canción, un aroma, una fecha o incluso una palabra nos toca el alma y el dolor reaparece. Pero eso no significa que no estemos sanando. El duelo no es un retroceso y avance constante, es un proceso de integración.

Cada persona lo vive a su manera. No hay tiempos establecidos ni un solo camino para sanar. Nos dicen que el tiempo lo cura todo, pero en realidad, el tiempo nos enseña. Nos muestra cómo recordar sin ahogarnos, cómo sostenernos en el amor que sigue vivo en nosotros y cómo seguir adelante con lo aprendido.

Si estás atravesando un duelo, permítete sentir sin culpa. No te compares con los demás, no te apresures. Algunas heridas nunca desaparecen del todo, pero pueden transformarse en algo que nos fortalezca. No se trata de olvidar, sino de aprender a vivir con lo que fue y encontrarle un nuevo significado.

El duelo sí se supera, pero no como imaginamos. No es borrar el dolor ni dejar de extrañar, sino llegar al punto donde el recuerdo no nos detiene, sino que nos impulsa. Donde la ausencia deja de ser un vacío y se convierte en un amor que permanece de otra manera.

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