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Cuando la batalla termina

  Voy a contarte algunas historias para ver si te identificas con ellas. Jamás me olvidaré de una paciente que un día me dijo: “Creo que pasé años corriendo de mi pasado.” Corría varios kilómetros y durante mucho tiempo aquello había formado parte importante de su vida. No era que correr estuviera mal. Lo que empezó a comprender fue la función emocional que también había tenido para ella: mantenerse en movimiento, descargar, no detenerse demasiado frente a aquello que dolía. Hoy otra paciente me la recordó. Me decía que últimamente ya no sentía las mismas ganas de pasar dos horas en el gimnasio. Y eso empezaba a preocuparle, “¿Será que me estoy desmotivando?” Al explorar un poco más, descubrimos que el gimnasio seguía siendo algo saludable para ella, pero durante mucho tiempo también había funcionado como un espacio de escape, no tenía que dejarlo, la diferencia era que ahora podía elegir. Ir si quería. Y si un día prefería descansar, caminar, leer, compartir con alguien o simpl...

La trampa de ser una persona funcional

 

Cuando eres funcional por fuera, pero emocionalmente estás agotado

Hay personas que no parecen estar mal, se levantan, trabajan, resuelven, atienden responsabilidades, cumplen compromisos y continúan con su rutina. Desde afuera, todo parece estar funcionando.

Pero por dentro hay cansancio. Un cansancio que no siempre se resuelve durmiendo.

Quizás últimamente tienes menos paciencia, te irritan cosas pequeñas, sientes necesidad de aislarte. Te cuesta disfrutar o simplemente notas que estás cumpliendo con todo, pero sin sentirte realmente presente.

Y cuando alguien te pregunta: “¿Qué te pasa?”, ni siquiera sabes muy bien qué responder.

Porque aparentemente no pasa nada. Y, al mismo tiempo, pasan demasiadas cosas.

Cuando ser fuerte se vuelve una forma de funcionar

Pensemos en alguien que suele ser la persona a la que todos buscan cuando aparece un problema. En el trabajo responde, en la familia organiza. Está pendiente de los demás y, cuando surge una dificultad, inmediatamente empieza a pensar cómo solucionarla.

Hace mucho tiempo aprendió que detenerse no era una opción. Cuando algo duele, sigue, cuando hay preocupación, resuelve, cuando llega una decepción, intenta entender. Y cuando necesita ayuda, primero piensa si realmente vale la pena pedirla.

Durante años esa capacidad pudo haber sido una fortaleza. El problema aparece cuando ya no sabemos cómo dejar de sostenerlo todo.

La vida funciona, pero quien la está sosteniendo ya no se siente bien dentro de ella.

Ser funcional no significa estar emocionalmente bien

Muchas personas creen que para reconocer que algo no está bien deben estar completamente desbordadas.

Como todavía trabajan, cuidan de otros, cumplen responsabilidades o siguen siendo productivas, piensan: “No debe ser para tanto.”

Pero nuestro bienestar emocional no se mide únicamente por nuestra capacidad de cumplir. También importa preguntarnos:

  • ¿Cómo me estoy sintiendo mientras sostengo mi vida?
  • ¿Cuánto esfuerzo emocional me está costando funcionar?
  • ¿Tengo espacios donde puedo ser vulnerable?
  • ¿Estoy disfrutando o simplemente resolviendo?

A veces la autosuficiencia, el control y la necesidad de poder con todo no son solamente rasgos de personalidad. También pueden ser formas que aprendimos para sentirnos seguros.

Quizás en algún momento entendiste que era mejor no necesitar demasiado, no molestar, anticiparte a los problemas o resolver por tu cuenta. Y esas estrategias pudieron ayudarte muchísimo.

Pero una forma de protección que fue útil en otro momento puede convertirse después en una carga.

Comprenderlo no significa juzgarte, significa empezar a preguntarte: ¿Qué aprendí a hacer para sentirme seguro y sigo haciendo hoy, aunque ya me esté agotando?

Algunas señales de agotamiento emocional

El agotamiento emocional no siempre llega como una gran crisis, muchas veces aparece poco a poco. Puedes empezar a notar:

  • Irritabilidad frecuente
  • Necesidad de aislarte
  • Dificultad para disfrutar
  • Cansancio mental constante
  • Sensación de que todo depende de ti
  • Culpa cuando descansas
  • Pensamientos que no se detienen
  • Sensación de desconexión contigo

Estas señales no significan automáticamente que exista un problema clínico. Pero cuando varias se mantienen en el tiempo, vale la pena escucharlas, no para asustarte. Para comprender qué estás necesitando.

Antes de preguntarte “¿qué hago?”, pregúntate “¿qué necesito?”

Las personas muy resolutivas suelen hacer algo interesante: frente a cualquier emoción aparece inmediatamente una pregunta: “¿Cómo soluciono esto?”

Pero no todas las emociones necesitan una solución inmediata, algunas necesitan ser escuchadas. Tal vez detrás del enojo hay cansancio, detrás de la ansiedad puede haber incertidumbre, detrás de la necesidad de controlar puede existir miedo. Y detrás de la distancia puede haber una parte de ti que lleva demasiado tiempo sintiéndose sola.

Cuando notes que estás saturado, ansioso o irritado, prueba detenerte unos minutos y hacerte tres preguntas:

  • ¿Qué estoy sintiendo realmente?
  • ¿Qué pasó antes de sentirme así?
  • ¿Qué necesito en este momento?

Puede parecer sencillo, pero para muchas personas identificar lo que otros necesitan es mucho más fácil que reconocer lo propio.

Ese pequeño espacio entre sentir y reaccionar puede empezar a cambiar muchas cosas.

No tienes que llegar a una crisis para pedir ayuda

A veces creemos que la terapia es solamente para cuando ya no podemos más. No necesariamente. Un proceso terapéutico también puede comenzar cuando una persona reconoce: “Mi vida funciona, pero yo ya no me siento bien viviendo de esta manera.” Y eso ya es suficiente motivo para mirarse con mayor profundidad.

Porque el bienestar emocional no consiste únicamente en dejar de sentir ansiedad, tristeza, enojo o miedo. También implica conocernos, comprender nuestra historia, reconocer patrones, aprender a regular nuestras emociones y construir formas más sanas de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Quizás has pasado tanto tiempo sosteniendo tu vida que hace mucho no te preguntas cómo estás tú dentro de ella. Hoy puedes empezar por algo sencillo: ¿Cómo estoy realmente?Y permitir que la respuesta tenga un espacio.

Comprenderte no significa quedarte atrapado en tu historia. Significa empezar a relacionarte con ella de una manera diferente para poder vivir tu presente con mayor libertad.

Si sientes que llevas demasiado tiempo sosteniendo todo por tu cuenta, un proceso terapéutico puede ayudarte a comprender lo que hoy está influyendo en tu manera de sentir, relacionarte y responder a la vida.

@psicologa_heidy.ubeda | +505 7683 3661 | psicologaheidyubeda.com

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