Cómo las heridas de la infancia aparecen en los conflictos de pareja
Cuando dos adultos se enamoran, no son solamente dos personas las que comienzan una relación. También llegan sus historias, sus aprendizajes sobre el amor y las heridas de los niños que fueron.
Al principio hay ilusión y complicidad. Con el tiempo aparecen discusiones y reacciones que parecen demasiado intensas para lo ocurrido.
Imaginemos a Laura y Andrés.
Laura se inquieta cuando Andrés se queda callado después de una discusión. Le pregunta una y otra vez qué ocurre porque necesita saber que están bien. Andrés, en cambio, siente que esas preguntas lo acorralan, se aleja para tranquilizarse, pero cuanto más se distancia, más insiste ella. Terminan discutiendo por algo pequeño. Laura piensa: No le importo. Andrés: Nunca hago nada bien. Ambos sufren sin conseguir comprenderse.
Cuando discutimos con la historia, no solo con la pareja
Laura pudo crecer en un ambiente donde el afecto era impredecible y aprendió a vigilar las señales de distancia. Andrés pudo acostumbrarse a recibir críticas cuando expresaba lo que sentía y descubrió que callar era la manera más segura de protegerse.
Hoy esas respuestas pueden estar conectadas con aprendizajes anteriores a su encuentro.
Carl Gustav Jung estudió los complejos: experiencias y asociaciones cargadas de emoción que influyen en nuestra manera de interpretar lo que vivimos. La imagen del niño interior nos ayuda a comprender cómo ciertas necesidades y temores tempranos continúan presentes en nuestras relaciones.
Por eso una conversación sobre atención, tiempo o responsabilidades puede despertar sentimientos de abandono, rechazo o insuficiencia.
Esto no significa que toda dificultad de pareja provenga de la infancia. También cuentan las conductas actuales, las circunstancias, los acuerdos incumplidos y las necesidades legítimas de cada persona. Nuestra historia influye, pero no decide por completo la manera en que vamos a amar.
Cuando buscamos en la pareja lo que nos faltó
Hay personas que se esfuerzan demasiado por ser elegidas porque aprendieron que el cariño había que ganárselo, otras evitan mostrar vulnerabilidad porque hacerlo les resultó doloroso. También están quienes desconfían de la calma porque crecieron acostumbrados a que durara poco.
Estas respuestas no siempre son conscientes. Pueden aparecer como una urgencia por obtener seguridad, retirarse antes de ser rechazados o complacer para evitar conflictos.
Así se forma un ciclo, una persona busca cercanía; la otra necesita espacio. Una protesta; la otra se defiende. Ambas terminan confirmando aquello que más temían.
El problema deja de ser únicamente lo ocurrido y pasa a ser lo que cada uno interpreta que significa.
Comprender una herida no justifica lastimar. Tampoco obliga a tolerar indiferencia, humillaciones o conductas dañinas porque la otra persona tenga una historia difícil. El bienestar emocional necesita comprensión, pero también responsabilidad.
Amar desde el adulto que somos
Volvamos a Laura y Andrés.
En lugar de repetir la discusión, Laura podría decir: Cuando te alejas sin decirme nada, me asusto y pienso que vas a dejarme. Necesito saber que vamos a retomar la conversación.
Andrés podría responder: Cuando siento que me exiges una respuesta inmediata, me bloqueo. Necesito unos minutos para calmarme, pero puedo decirte cuándo seguimos hablando.
Ninguno tiene que renunciar a sus necesidades, lo que cambia es la manera de expresarlas y asumirlas.
Ese es uno de los trabajos más valiosos de la terapia de pareja: identificar los patrones que se repiten, comprender qué activa emocionalmente a cada persona y aprender nuevas formas de comunicarse, reparar y construir seguridad en el vínculo.
Por lo general, este proceso también requiere trabajo individual, porque no todo lo que llevamos a una relación puede resolverse dentro de ella.
No se trata de encontrar culpables ni de pedirle a nuestra pareja que se convierta en el padre o la madre que necesitábamos. Se trata de reconocer qué parte de nuestra historia seguimos intentando resolver a través del otro y qué necesitamos comenzar a cuidar por nosotros mismos.
Una relación no tiene que repetir nuestra historia
Crecer emocionalmente en pareja comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente ¿por qué me hace sentir así? y empezamos a explorar también ¿qué se activó en mí? y ¿qué está pasando realmente entre nosotros?.
Son preguntas distintas y necesarias. La primera nos conecta con nuestra experiencia; la segunda nos permite mirar el vínculo con mayor claridad.
En mi trabajo terapéutico, el propósito no es que dos personas nunca discutan. Es que puedan comprenderse mejor, asumir sus responsabilidades, establecer límites saludables y decidir cómo quieren relacionarse sin quedar atrapadas en las mismas respuestas de siempre.
Porque sanar nuestra historia no consiste en dejar de necesitar amor. Consiste en aprender a construirlo desde la conciencia, la reciprocidad y el respeto, sin encargarle al otro la tarea imposible de reparar nuestro pasado.
La pregunta más importante no es solamente a quién amamos, sino desde qué parte de nuestra historia estamos aprendiendo a amar.
Si reconoces estos patrones en tu relación, la terapia de pareja puede ofrecerles un espacio para comprender lo que sucede y comenzar a construir una forma distinta de encontrarse.
@psicologa_heidy.ubeda | +505 7683 3661 | psicologaheidyubeda.com

Comentarios
Publicar un comentario