Agotados, pero en alerta.
Cuando el día termina, pero el cuerpo no consigue bajar la guardia. Claudia espera todo el día el momento de llegar a casa. Piensa que, cuando por fin se siente en el sofá, podrá descansar. Sin embargo, apenas se acomoda, recuerda un mensaje que no respondió, una cuenta pendiente y lo que debe resolver mañana. Se levanta, busca el teléfono y vuelve a ocuparse de algo. A Marcos le ocurre algo parecido, aunque nadie lo diría al verlo. Termina sus responsabilidades, cena con su familia y se acuesta a una hora razonable. Pero le cuesta conciliar el sueño, cualquier sonido lo interrumpe, una pregunta sencilla lo irrita y, aun en sus días libres, siente que tiene que estar pendiente de todo. Claudia y Marcos tienen algo en común: están cansados, pero no consiguen sentirse en reposo. Quizá te reconoces en ellos: cumples con tus obligaciones, resuelves lo que aparece y sigues adelante. Desde afuera, todo parece estar bajo control, por dentro, en cambio, estás agotado y cuando llega el m...