Destacados

Autosabotaje: la trampa psicológica que te impide avanzar aunque quieras

 


Autosabotaje: la trampa psicológica que te impide avanzar aunque quieras

Hay conversaciones que parecen simples, pero abren puertas profundas.

Una de estas mañanas, mi esposo y yo hablábamos con calma, revisando algo que nos llamó la atención a ambos: cómo había cambiado nuestra forma de manejar los conflictos.

No siempre fue así. En un inicio, cuando algo nos confrontaba, entrábamos en una dinámica muy clara: Yo me ponía triste, él se enojaba.

Su enojo profundizaba mi tristeza, mi tristeza aumentaba su enojo. Sin darnos cuenta, nos convertíamos en estímulo uno del otro.

No sabíamos cómo ponernos de acuerdo en temas que nos frustraban, nos separaban y nos alejaban emocionalmente. Y eso dolía, porque nuestra relación ha sido algo que hemos intentado construir con intención, paso a paso.

Sin embargo, en esos momentos, ambos poníamos el freno. Nos autosaboteábamos, no por falta de amor, sino por falta de conciencia sobre cómo reaccionábamos cuando algo nos tocaba profundo.

Mientras hablábamos, él me preguntó:

—¿Qué crees que cambió?

Y lo primero que pude ver fue esto: el cambio empezó de forma individual.

Cada uno comenzó a observar sus propias reacciones, sus miedos, sus patrones. Luego, poco a poco, ese trabajo interno se tradujo en un trabajo conjunto.

Aprendimos a ser más vulnerables, a decir lo que nos afectaba sin tanto temor al conflicto, a usar herramientas que antes no teníamos. Y eso transformó la relación.

Al inicio, quizás el motor fue el miedo. Hubo un punto donde ambos sentimos, aunque no lo dijéramos, que si algo no cambiaba, la relación podía deteriorarse.

Ese miedo encendió una alerta. Pero luego apareció algo más profundo: la conciencia.

Y ahí entendí algo importante: el autosabotaje no se limita a las relaciones de pareja.

Funciona igual en el trabajo, en los procesos de cambio, en los proyectos personales y en cualquier área que nos importe.

En el trabajo, se manifiesta cuando queremos crecer pero postergamos, cuando dudamos de nosotros, cuando reaccionamos desde viejos patrones ante la presión.

En los procesos de cambio, aparece cuando deseamos algo distinto pero volvemos a lo conocido porque es “más seguro”.

En las relaciones, cuando queremos conexión pero reaccionamos desde la herida y no desde la presencia.

En todos los casos, el mecanismo es parecido: cuando hay conexión, entusiasmo o avance, todo fluye.

Pero cuando aparece la amenaza real o percibida, entramos en automático y nos frenamos.

No porque no queramos avanzar, sino porque una parte interna intenta protegernos de algo que aprendió a temer.

El autosabotaje no es falta de voluntad, es una señal de que hay algo que no ha sido mirado con suficiente conciencia.

Cuando eso se hace visible, cambia el juego, dejamos de reaccionar igual, dejamos de atacarnos a nosotros o a otros, y empezamos a elegir respuestas más alineadas con lo que de verdad queremos construir.

El autosabotaje pierde fuerza cuando dejamos de vivir en automático y empezamos a asumir el timón de nuestras reacciones, en lugar de culpar al camino.

Tal vez hoy no se trata de esforzarte más, tal vez se trata de observar dónde te frenas justo cuando más te importa avanzar. Porque ahí, casi siempre, hay una oportunidad de cambio esperando ser vista.

@psicologa_heidy.ubeda | +505 7683 3661 | psicologaheidyubeda.com

Comentarios

Entradas populares