Ir al contenido principal

Destacados

Lo que realmente ocurre cuando una relación se rompe

  Lo que realmente ocurre cuando una relación se rompe Una de las cosas más difíciles de decir como terapeuta de pareja es esta: no todos los vínculos deberían intentar salvarse. No porque las personas no valgan la pena, no porque la historia compartida no tenga valor y tampoco porque el amor haya sido falso. Sino porque, a veces, en el camino se rompen los fundamentos que sostienen una relación sana. A mi consultorio llegan muchas parejas creyendo que el problema es la comunicación. “Doctora, lo que necesitamos es aprender a hablar mejor”, y muchas veces es verdad. He visto relaciones transformarse cuando dos personas aprenden a escucharse, a reparar, a reconocer el impacto que tienen en el otro. Pero también he aprendido, con los años de práctica clínica, que no todos los conflictos de pareja son problemas de comunicación. A veces lo que existe es algo diferente: Dinámicas de control. Manipulación emocional. Dependencias afectivas. Codependencia. Ciclos de violencia que co...

El impacto psicológico de vivir permanentemente en modo alerta

 











El impacto psicológico de vivir permanentemente en modo alerta

Hay algo que escucho con frecuencia en los procesos terapéuticos, especialmente cuando las personas empiezan a sanar:

“Qué raro se siente estar bien.” “Qué extraño es sentir calma.” “No sé qué hacer con tanta serenidad.”

Y no lo dicen con alivio, sino con desconcierto.

Con el tiempo, vamos descubriendo juntos algo muy importante: muchos sistemas emocionales están acostumbrados al caos.

Desde la infancia aprendieron a vivir en hipervigilancia, en alerta constante, en ansiedad permanente. Ese fue el entorno, ese fue el lenguaje emocional, ese fue el modo de supervivencia.

Cuando un sistema crece así, la calma no se siente segura, se siente extraña, desconocida, incluso amenazante.

Por eso, cuando empezamos a sanar y aparece la serenidad, el cuerpo no siempre la reconoce como bienestar. A veces la vive como vacío, como algo que “no va a durar”, o como una señal de que hay que estar atentos… por si algo malo pasa.

Ahí aparece el modo alerta. Un sistema emocional en alerta constante tiende a gobernar nuestras decisiones y no desde la conciencia, sino desde la reacción.

Lo veo mucho cuando una emoción se desborda, cuando estamos muy felices y prometemos más de lo que podemos sostener. Y luego nos preguntamos: ¿qué pasó?, ¿por qué dije que sí a todo?

O cuando estamos profundamente tristes y nos quejamos, hablamos desde el dolor, decimos cosas que no diríamos desde la calma.

Hace poco me pasó algo muy humano; Estaba sumamente frustrada, cansada, triste, y dije en voz alta algo como: “Ya no quiero seguir criando hijos.”

No me di cuenta de inmediato de que mi hijo mayor estaba presente. Luego pensé en el impacto que esa frase pudo tener.

Él, siendo psicólogo, comprendió la emoción detrás de mis palabras. Aun así, sentí la necesidad de pedirle disculpas.

Porque aunque la emoción era real, la frase nació desde el desborde, no desde mi verdad profunda.

Eso es lo que hace el modo alerta. Nos lleva a decir, hacer o decidir desde un estado que no siempre nos representa.

Lo mismo ocurre con el enojo, desde ahí podemos herir, lastimar, actuar de forma impulsiva y luego llega el arrepentimiento.

No porque seamos malas personas, sino porque el sistema estaba activado, defendiendo, reaccionando.

Y hay algo más que suele pasar.

Cuando por fin estamos en calma… somos nosotros mismos quienes empezamos a buscar algo malo.

Como decimos en Nicaragua: buscarle el pelo a la sopa.

Encontrar un problema donde no lo hay, anticipar un conflicto, sospechar de lo bueno. No porque queramos sabotearnos, sino porque nuestro sistema emocional no está acostumbrado a la plenitud.

La serenidad no fue el estado aprendido, el caos sí. Pero que algo sea conocido no significa que sea sano.

Por eso siempre les digo a mis pacientes: cuando logramos identificar el patrón, empezamos a desenredarlo. Ya no nos domina igual, ya no nos gobierna por completo.

La conciencia no elimina la emoción, pero nos devuelve el timón. Y desde ahí podemos empezar a construir decisiones más alineadas con la vida que queremos: no desde la ansiedad, no desde el miedo, no desde la reacción, sino desde la calma y la serenidad.

Vivir en modo alerta no es vivir, es sobrevivir.

Y aunque ese modo fue necesario alguna vez, no tiene por qué ser el estado permanente de tu vida.

@psicologa_heidy.ubeda | +505 7683 3661 | psicologaheidyubeda.com

Comentarios

Entradas populares