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Estrés Laboral: Mi propia experiencia con el estrés laboral silencioso
Estrés Laboral: Mi propia experiencia con el estrés laboral silencioso
Hay momentos en la vida donde no es un gran evento el que te derrumba… son pequeñas señales, repetidas, insistentes, casi susurradas, que van tocando la puerta del cuerpo antes de que la mente las quiera escuchar.
Hace unas semanas empecé a notar síntomas que, en otro momento, habría atribuido al cansancio normal. Pero esta vez eran constantes. Esto era lo que estaba experimentando:
- Me costaba empezar el día, incluso con tareas pequeñas.
- Sentía que había perdido parte de mi propósito y mi motivación.
- Mi cuerpo estaba tenso, cansado y sin energía casi todo el tiempo.
- Cualquier cosa me irritaba o me hacía más sensible de lo usual.
- Dormía, pero no descansaba.
- Había dejado de disfrutar cosas que antes me llenaban.
- Me sentía sobrecargada emocionalmente.
- Tenía pensamientos como “ya no puedo más” o “solo quiero desaparecer un rato”.
- Me sentía desconectada de mí misma y de quienes amo.
- Y encima, sentía culpa por no poder con todo.
Algo dentro de mí sabía que eso no era normal.
Lo conversé con mi esposo. Lo hablé con una amistad cercana. Y como soy alguien profundamente introspectiva, hice lo que siempre he hecho cuando algo en mi interior pide claridad: me detuve a observarme.
Tomé mi libro de diagnósticos. Revisé criterios. Me evalué con honestidad.
Y descubrí algo importante: lo que estaba experimentando no era depresión, no era ansiedad clínica, no era alta sensibilidad emocional… era estrés laboral acumulado.
Ese estrés silencioso que se va guardando sin darnos cuenta. Ese que disfrazamos de “soy fuerte”, “solo necesito avanzar”, “esto se me va a pasar”. Ese que ocupa espacio en el cuerpo antes de que ocupe espacio en las palabras.
Pedí ayuda. Fui con mi terapeuta. Y ella me ayudó a ver con claridad algo que yo, justo por profesional, tardé en reconocer:
Cuando tú sostienes a muchos, también necesitas a alguien que te sostenga a ti.
Trabajar con personas, acompañar procesos emocionales, liderar, crear, estar presente y disponible… todo eso es hermoso, pero también implica una carga interna que necesita descanso, apoyo y reparación.
Y lo más curioso es que, aunque todos estos síntomas pueden parecer negativos, en realidad fueron mensajes importantes:
Mi cuerpo estaba tratando de cuidarme. Mi interior estaba pidiendo pausa. Mi energía estaba necesitando reorganizarse. Mi mente estaba diciendo: “No sigas así”.
Hoy escribo esto porque sé que no soy la única. Sé que muchos sienten estos mismos síntomas y no saben cómo nombrarlos. No todos están en burnout. No todos están deprimidos. No todos están ansiosos.
A veces solo estamos cansados de sostener demasiado sin un espacio para vaciar lo que llevamos dentro.
Y eso también necesita cuidado.
Mi invitación es esta: Si tu cuerpo te está enviando señales, no las ignores. Lo que no hablamos… el cuerpo lo termina expresando. Y escucharte a tiempo siempre será un acto de amor propio.
Pedir ayuda no te hace débil. Te hace humana. Te hace consciente. Te hace valiente.
@psicologa_heidy.ubeda | +505 7683 3661 | psicologaheidyubeda.com
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