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¿Por qué no hablar de salud mental en el trabajo sale más caro que invertir en ella?
¿Por qué no hablar de salud mental en el trabajo sale más caro que invertir en ella?
Hay silencios que pesan más que cualquier palabra. Como el del colaborador que llega puntual, sonríe y cumple… pero lleva semanas sin dormir. O el de aquella líder que sostiene a su equipo mientras por dentro siente que se está apagando. Y también el silencio del señor que abre la puerta cada mañana, que saluda con amabilidad mientras carga con preocupaciones que nadie conoce.
A lo largo de los años he conversado con CEOs, gerentes, líderes, administrativos y también con quienes realizan tareas operativas. Y aunque sus roles son distintos, hay algo que se repite en todos: cansancio emocional, estrés acumulado y una sensación de estar lidiando solos con lo que sienten. El malestar no distingue jerarquías; lo único que cambia es el permiso social que cada uno siente para hablar de él.
En muchas empresas todavía se insiste en que “si no rindes es porque tienes mala actitud”. Y es cierto que Daniel Goleman habla de cómo las actitudes sostienen el desempeño. Pero a menudo se usa su frase de forma superficial, como si fuera una sentencia. En realidad, sus investigaciones explican que la actitud nace del mundo emocional interno: de la capacidad de autorregulación, empatía y manejo del estrés. No se trata de juzgar, sino de comprender qué ocurre detrás.
Porque detrás de cada actitud hay una historia. Hay duelos, heridas, cansancio, miedo, noches sin dormir, conflictos familiares, agotamiento acumulado. Y aunque durante años se nos enseñó que “lo personal se queda en la casa”, lo cierto es que las emociones no se desconectan como se apaga una computadora. Las personas no llegan al trabajo como máquinas: llegan con su vida entera.
Cuando una empresa exige resultados pero ignora la salud mental, crea un entorno donde todos aprenden a callar lo que sienten. Ese silencio no se nota en los reportes, pero se filtra en la energía de los equipos, en la falta de creatividad, en los conflictos constantes, en la rotación y en el agotamiento que se arrastra semana tras semana.
La salud mental no mide jerarquías. Cada persona es una pieza esencial dentro de la organización. Como en el taller de un carpintero: sin el martillo, sin el serrucho, sin el clavo… nada se arma. Cada herramienta tiene su función, su valor y su aportación al resultado final.
Por eso, antes de etiquetar a alguien como “problemático”, “negativo” o “difícil”, vale la pena mirar más adentro:
- ¿Qué pasa en su vida?
- ¿Con qué carga emocional está funcionando?
- ¿Le hemos dado apoyo? ¿Sabe regular sus emociones?
- ¿Tiene espacio para pedir ayuda?
Cuando una persona mejora su salud emocional, su comportamiento cambia, su energía cambia y su desempeño también. Y cuando esto ocurre de manera colectiva, la cultura organizacional se transforma desde adentro.
La cultura no se construye desde los números: se construye desde las personas. Paso a paso, historia a historia, bienestar a bienestar.
Invertir en salud mental no es un gasto: es una estrategia profundamente humana y profundamente inteligente.
@psicologa_heidy.ubeda | +505 7683 3661 | psicologaheidyubeda.com
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