Destacados
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Las máscaras que usamos para pertenecer y el riesgo de desconectarnos de nuestra esencia
Las máscaras que usamos para pertenecer y el riesgo de desconectarnos de nuestra esencia
Cuando era niña, una vez me reí muy fuerte en clase. Recuerdo que me sentía feliz, libre. Pero la maestra me miró con desaprobación, y una compañera susurró: “Qué escandalosa.” En ese momento, aprendí algo sin que nadie lo dijera explícitamente: mostrarme tal como soy puede incomodar. Desde entonces, mi risa se volvió más suave, más medida. Como si llevara un filtro entre lo que siento y lo que expreso.
A lo largo de la vida, aprendemos a ponernos máscaras. Lo hacemos para encajar, para protegernos del juicio, para recibir afecto. Algunas se vuelven parte de nuestro día a día, tanto que a veces olvidamos que no somos realmente ellas.
Las máscaras más comunes que usamos:
- La complaciente: siempre dice que sí, evita el conflicto, quiere agradar a todos.
- La fuerte: no llora, no pide ayuda, no muestra cansancio.
- La del “todo bien”: sonríe aunque por dentro esté en ruinas.
- La del rol: cumple a la perfección con ser madre, pareja, profesional… pero se pierde en el deber ser.
¿Por qué las usamos?
Generalmente, estas máscaras tienen raíces profundas:
- Experiencias de infancia donde no nos sentimos validados emocionalmente.
- Rechazos, burlas o críticas que nos enseñaron a ocultar partes de nosotros.
- Modelos sociales o familiares que premian ciertos comportamientos y condenan otros.
Al inicio, estas máscaras nos cuidan. Nos ayudan a sobrevivir en contextos donde ser uno mismo puede ser doloroso. Pero con el tiempo, si no las cuestionamos, pueden desconectarnos de nuestra verdad.
El costo de sostener una máscara demasiado tiempo:
- Cansancio emocional.
- Dificultad para conectar genuinamente con otros.
- Sensación de vacío o no saber quién soy cuando no estoy actuando para nadie.
Volver a nosotros mismos implica observar con amor esas máscaras, agradecer lo que nos protegieron y decidir conscientemente cuándo ya no son necesarias. No se trata de exponernos por completo ni de dejar de adaptarnos, sino de habitar una vida con más coherencia interior.
En espacios seguros, podemos empezar a mostrarnos tal cual somos. A ensayar una autenticidad sin miedo. A recordar que ser aceptados no debería costarnos traicionarnos.
¿Quién eres cuando nadie te observa? ¿Qué parte de ti estás deseando expresar, pero teme ser rechazada?
Quizá es hora de volver a vos. No para gustar más, sino para sentirte en casa dentro de ti.
¿Qué máscara sientes que te pesa más últimamente? Te leo en los comentarios. Y si sentís que esto le puede resonar a alguien que amás, compartelo. A veces, una pregunta honesta es el inicio de una gran transformación.
@psicologa_heidy.ubeda | +505 7683 3661 | psicologaheidyubeda.com
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Entradas populares
Las habilidades blandas no son opcionales: son el corazón de una cultura saludable
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Ansiedad: Cuando la mente corre más rápido que la vida
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Comentarios
Publicar un comentario